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Supondría el paso de un sistema parlamentario a uno presidencialista La legislación actual define la jefatura del Estado como un cargo neutral
Fecha/Hora: 16-04-2017 09:40:33

Turquía vota en referéndum un cambio constitucional que refuerza el poder de Erdogan

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Turquía vota este domingo un referéndum sobre la instauración de un sistema presidencialista que puede suponer el mayor cambio en la historia reciente del país y modifica las bases de la República laica fundada en 1923. Los primeros colegios electorales han abierto a las siete de la mañana (04.00 GMT) en 32 provincias orientales, y una hora más tarde lo han hecho en las otras 49 provincias turcas.

Unos 55 millones de turcos con derecho a voto están llamados a las urnas para decir "si" o "no" a una reforma constitucional de 18 puntos que establecería un sistema presidencialista de amplios poderes en sustitución del actual modelo parlamentario, un cambio impulsado por el islamista Partido Justicia y Desarrollo (AKP), que gobierna Turquía con mayoría absoluta desde 2002, y por el presidente del país, Recep Tayyip Erdogan.

Erdogan ostenta el periodo más largo como primer ministro de Turquía desde que el país abolió en 1950 el sistema de partido único. Fue durante 11 años, desde 2003 a 2014 jefe del Gobierno y ese mismo año fue elegido presidente.

Aunque según la actual Constitución su cargo es neutral y sus competencias son meramente representativas, Erdogan sigue siendo quien tiene las riendas del país y esta esta reforma ha sido el objetivo central de su mandato, hasta el punto de que el pasado mayo forzó la dimisión del entonces jefe del Gobierno, Ahmet Davutoglu, por no apoyarla.

Proyecto modelado en 15 años
Se trata, por tanto, de la última parada en una evolución de 15 años en los que ha pasado de ser un modelo de democracia musulmana a un país a las puertas del autoritarismo y con conflictos con casi todos sus vecinos.

“La democracia es para nosotros un tranvía: nos bajaremos al llegar a la parada que queremos“

De hecho, en 1996 Erdogan, entonces alcalde de Estambul, había afirmado: "la democracia es para nosotros un tranvía: nos bajaremos al llegar a la parada que queremos".

Dentro del país, el presidente es enormemente popular en grandes regiones de Turquía, especialmente en el centro y noreste de Anatolia, donde el partido que fundó en 2001, el islamista AKP, alcanzó en 2015 más del 80% de las papeletas en algunas circunscripciones electorales.

Este respaldo popular se debe a una imagen labrada durante años, primero como acólito del primer político islamista turco que llegó brevemente al poder en los años 90, Necmettin Erbakan, y luego como reformador que supo combinar la ideología conservadora y religiosa con una apertura democrática y sobre todo económica.

Su eficaz gestión como alcalde de Estambul (1994-1998) fue su trampolín para llegar al cargo de primer ministro en 2003 e impulsar una privatización y dinamización de la economía turca.

Los cambios económicos llegaron junto a mejoras sociales, como la extensión de la salud pública, lo que le granjeó la gratitud de las clases modestas y la simpatía de los mercados internacionales.

Gobernar "sin rendir cuentas a nadie"
La consulta del este domingo gira enteramente alrededor de su figura: sus seguidores votarán 'sí' a la reforma, porque confían en su liderazgo, mientras que sus detractores optarán por el "no", por recelar de su autoritarismo. Según la encuestas, claramente parciales en función de quien las publica, dan al 'sí' un apoyo de entre el 49 y el 54%.

Según Erdogan, el sistema parlamentario impide gobernar eficazmente el país porque los mecanismos de control obstaculizan los proyectos legislativos y las coaliciones electorales crean inestabilidad, aunque el AKP gobierna en solitario desde 2002.

"Este sistema nos tiene con las manos atadas", planteó Erdogan en un mitin y en otro alabó la reforma porque "permite gobernar cinco años sin rendir cuentas a nadie".

Un hecho que teme la oposición que ve como la enmienda concentraría en manos de un sólo hombre todo el poder. El Ejecutivo, porque el presidente fagocita el cargo del primer ministro y nombra a los ministros. El legislativo, porque puede gobernar por decreto. E incluso el judicial, porque podrá nombrar a cuatro de los 13 miembros del Alto Consejo del Poder Judicial (HSYK).

Pese a que la legislación actual define la jefatura del Estado como un cargo neutral, Erdogan es quien domina el AKP y, desde hace tres años, la sensación es que ningún juez dicta sentencias que no sean de su agrado, ante el temor de ser destituido o trasladado.

Adaptación de la realidad a la legalidad
Así, de aprobarse, la reforma, solo "adaptaría la legalidad a la realidad", como lo expresó el propio entorno presidencial el año pasado: Erdogan ya preside el Consejo de Ministros, que gobierna por decreto desde el fallido golpe de Estado de julio.

"No cambiará gran cosa, Erdogan dará un discurso en el que prometerá gobernar para todos, pero poco después se institucionalizará el mando único y Turquía se convertirá en más totalitaria", opina Tarik Sengül, politólogo de la Universidad ODTÜ en Ankara, en conversación con Efe.

En el caso de que gane el 'no' a la reforma, Sengül cree que Erdogan aplazará sus planes e "intentará continuar como si nada hubiera pasado". Pero el experto consideraría que "la oposición se envalentonará enormemente" y pondrá sus esperanzas en las legislativas, municipales y presidenciales de 2019.

"Más importante será el efecto dentro del AKP. Sabemos que hay una oposición a la línea de Erdogan, pero nadie tiene el valor de enfrentársele. Una victoria del 'no' les dará ánimos y eso puede influir mucho más que lo que haga la oposición", añade.

Todos los cofundadores del AKP, como el expresidente Abdullah Gül y el ex viceprimer ministro Bülent Arinc, han sido apartados de los círculos del poder en los últimos tres años, al igual que Davutoglu.

Una revuelta de esta vieja guardia ha sido hasta ahora difícil, ya que es el carisma de Erdogan el que da mayorías absolutas.

El sueño de una "Nueva Turquía"
Así, la victoria del 'no' abre la posibilidad de más turbulencias en Turquía, un país ya agitado por numerosos conflictos internos y externos: la guerra en Siria, el terrorismo yihadista, el conflicto kurdo, la represión de libertades y la tensión con la Unión Europea, Irán, Irak o Rusia.

Por contra, Erdogan utilizaría la victoria del 'sí' para llevar a la práctica su sueño de crear una "Nueva Turquía", distinta a la fundada en 1923.

De hecho, invoca el 16 de abril como fecha de una nueva batalla por la independencia, análoga a la victoria de Galípoli de 1915 en la I Guerra Mundial, sobre la que Mustafa Kemal "Atatürk" basó su prestigio y la fundación de la República turca.

Ahora, el enemigo a batir es una difusa amalgama en la que Erdogan mezcla a "Occidente", los "terroristas" kurdos, los "ateos e izquierdistas", el Estado paralelo que dice forma la cofradía islamista de Fetullah Gülen y el terrorismo yihadista.

La oposición teme que el futuro de Turquía se estructure alrededor de la identidad islámica, con una segregación progresiva de mujeres y hombres, y la aspiración de recuperar la herencia del imperio otomano como tutor de todos los musulmanes del mundo.


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