Sus dos hombres de máxima confianza cuando era presidenta de la Comunidad de Madrid han sido detenidos y su responsabilidad política parece ya ineludible
Fecha/Hora: 19-04-2017 17:42:54

Los 'felices' años Aguirre

Foto 01:

CADENA SER

Cuando afloraban los primeros casos de corrupción que salpicaron al PP de Madrid, Esperanza Aguirre firmó dos declaraciones que forman parte ya de la fonoteca más traicionera. Primero se descolgó con aquel "yo destapé la trama Gürtel" y cuando las aguas turbias salpicaron a un ex consejero, dijo que alguno le había "salido rana".
Lejos de convertirse en una especie en peligro de extinción, las ranas de Esperanza Aguirre nacían y se reproducían a ritmo frenético en unos años en los que el pelotazo a golpe de contrato y comisiones era la norma de la casa para prosperar en la política madrileña. En sus tiempos como presidenta de la Comunidad de Madrid, Aguirre se colocaba el casco para visitar unas obras de Metro y se customizaba para la ocasión (de chulapa, con el mono, con casco de bombero…) haciendo gala de un populismo que ella ha manejado como nadie y que otorgó al PP importantes réditos electorales.
Mientras eso ocurría ante el gran público, detrás, los tramoyistas de su gobierno, hacían negocio con todo lo que se movía. Unos con el negocio inmobiliario –en una estrategia sobradamente conocida- y otros utilizando como si fueran suyas grandes empresas públicas como el Canal de Isabel II al que muchos han llegado a tachar de auténtico banco de la corrupción popular en Madrid.
Vidas políticas en paralelo
Ignacio González y Francisco Granados mantuvieron, durante su etapa como los consejeros de máxima confianza de Esperanza Aguirre, una lucha sin concesiones. Bueno, concesiones sí había. Sonrisas en las fotos y en los mítines pero en los despachos los dos habían emprendido una carrera sin descanso por controlar el negocio mientras Aguirre cortaba las cintas inaugurales de los nuevos hospitales.
González llegó a ser presidente de la Comunidad de Madrid por accidente. Lo hizo obligado porque en realidad nunca tuvo interés en serlo. Le tocó cuando Aguirre renunció a asumir (de nuevo) la responsabilidad política de quien debe gobernar cuando el viento no sopla a favor. Las tijeras, mejor para las inauguraciones.
González fue el elegido y Francisco Granados cayó en desgracia, como es sabido. Los dos llevaban trayectorias separadas pero vivieron de manera parecida los felices años Aguirre. Los años del pelotazo más salvaje que se recuerdan en la Comunidad de Madrid. Ignacio González intentó sanear su imagen con campañas estériles y entonces estalló el caso Ático. Su bajo perfil político, su círculo de amistades y las sospechas le cortaron el paso en su intento por ser cabeza de cartel en las autonómicas de 2015.
La joya de la Corona
Cuentan que uno de los mayores enfados de González fue conocer que debía abandonar su puesto como presidente del Canal de Isabel II al ser nombrado presidente de la Comunidad de Madrid, en septiembre de 2012. Se revolvió e hizo todo tipo de consultas legales. No pudo ser. Tuvo que dejar el cargo pero en realidad nunca abandonó la presidencia de la principal empresa pública que también trató de privatizar. A pesar del relevo, González despachaba directamente los temas importantes que afectaban al Canal en la Puerta del Sol y en los mentideros madrileños siempre se ha comentado que la auténtica bomba de relojería de la corrupción del PP estallaría cuando se abriera una investigación judicial sobre la gestión en el Canal de Isabel II.
Aguirre, portavoz municipal
¿Hasta dónde está dispuesta a aguantar Esperanza Aguirre? La respuesta a la pregunta podría ser un "hasta el infinito y más allá". O eso parece. Con la financiación de su partido bajo sospecha, con sus dos hombres fuertes detenidos, con una gestión de lo público manifiestamente mejorable… Con todo esto, el nuevo PP de Madrid no ha tenido el valor suficiente para decirle a Aguirre que no puede seguir.
Con el código ético en la mano, Cristina Cifuentes se ampara en que quien fue presidenta de la Comunidad de Madrid no está imputada y por tanto no cabe ninguna medida disciplinaria contra ella. Aguirre ha defendido hasta ahora que todo esto ocurría sin que ella supiera nada. Quien la conoce bien asegura que Aguirre nunca se llevó un duro; otra cosa es si consintió a los suyos que prosperaran de esta manera. Pero tanto si consistió lo ocurrido como si no se enteraba de los movimientos de sus dos personas de máxima confianza, Aguirre, actual portavoz municipal del PP en el Ayuntamiento de Madrid, debería reflexionar y asumir que debe pasar página. Por el bien de los madrileños y de su propio partido.


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