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Los visitantes, incapaces de poner tranquilidad y orden, se derretían en el centro del campo con continuas pérdidas de balón
Fecha/Hora: 04-09-2017 08:19:59

Dos tiros de Víctor Curto y Pedro Martín directos a la escuadra encarrilan el primer triunfo liguero de un Real Murcia muy vertical

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LA OPINIÓN

Es habitual en las revistas tanto exclusivamente femeninas como en las dirigidas solo para el sexo masculino encontrar reportajes en los que nos dan ideas para sorprender a la pareja con los preliminares más originales o con los más placenteros. Todo para que los segundos se conviertan en minutos y los minutos en horas. Sin embargo, los más clásicos nunca renunciarán al aquí te pillo, aquí te mato, y ayer Víctor Curto y Pedro Martín se convirtieron en los líderes de ese método, y lo mejor, visto el aplauso que recibieron cuando tuvieron que abandonar el terreno de juego de Nueva Condomina -hablar de césped o de hierba sería mentir-, es que nadie quedó insatisfecho.

La idea parecía clara desde el principio. El centro del campo pasaba a un lugar secundario para dar paso a la velocidad, a la verticalidad y al vértigo. Como si el mundo se acabase unos segundos después. Y los ingredientes fueron sucediéndose hasta convertir la tarde noche en una cita perfecta. Salió el Real Murcia con dos delanteros, como si no ganar en las dos primeras victorias hubiera sido un escarmiento para Manolo Sanlúcar, como si los disgustos por la derrota frente al Écija y el empate contra el Recreativo fuese un premio para una afición que ya tiene a dos ´9´ sobre el campo. Pero no fue la única clave.

Como las piezas de domino que van cayendo una tras otra, la presencia de Víctor Curto y Pedro Martín en el once titular se encontró con el escenario perfecto, el diseñado por un El Ejido sin cabeza ni táctica, que miraba demasiado arriba sin tener la solidez necesaria para hacerlo. No tardó el partido en romperse. Los visitantes, incapaces de poner tranquilidad y orden, se derretían en el centro del campo con continuas pérdidas de balón, y ahí los murcianistas se convertían en un auténtico puñal. Solo quedaba afinar la puntería para batir a un Gianfranco que en los primeros minutos se convertía en el ángel de la guarda de los de Alberto González.

Pero no fue el Real Murcia el que se adelantó en el marcador. Sobre todo porque la primera vez que El Ejido fue capaz de recorrer unos cuantos metros sin perderla, los almerienses demostraron que la línea defensiva de los granas no está a la altura de un equipo que quiere liderar el Grupo IV de Segunda B. Como en el juego de las estatuas, en el que hay que quedarse inmóvil en el momento en el que alguien da el grito, Forniés, Orfila y Álex Ortiz se quedaron más que quietos a la vez que Cubo avanzaba sorprendido por las facilidades. Solo Fede Vega reaccionó haciendo una falta que se convertiría en el 0-1.

Era el minuto 13 y las caras de los murcianistas reflejaban tanto miedo que Velasco, autor del tanto, y Carralero pudieron rematar a los de Sanlúcar a continuación. Tanto, que Biel Ribas empezó a ganarse su alto salario.

Fue en ese momento, en el que más le temblaban las piernas a los granas, cuando Víctor Curto recordó el guión y se puso a ejecutar un plan de lo más simple, morder, morder y morder. El delantero, que ya demostró en Copa que está de dulce, no necesitó ni pisar área ni dar masajes a los defensas. Solo tuvo que sacar el bazuca para lanzar un misil que se coló directamente por la escuadra de la meta defendida por Gianfranco, portería a la que si quedaba alguna telaraña suelta, y es que lo de la suciedad del estadio va a más temporada tras temporada, ya se encargó Pedro Martín de destrozarla con otro cañonazo que dejó el partido listo para sentencia, sobre todo porque El Ejido, con una valentía a veces un poco suicida, es un equipo con jugadores muy lejanos a los granas y con menos recursos -en el banquillo había hasta tres futbolistas del filial-. Además, Cubo, uno de sus más habilidosos, tal y como se vio en los primeros instantes, tenía que marcharse lesionado en el minuto 25.
Pero esa tranquilidad que se respiraba después de que Víctor Curto y Pedro Martín se dejaran de prolegómenos y metieran la directa no fue la esperada. Ni la ventaja en el marcador permitió ver a un Murcia mandón.

Con David Sánchez andando sobre el terreno de juego, aunque corriendo mentalmente, y Armando solucionando lo poco que le exigían los visitantes, que se encargaban de perder el esférico una y otra vez por su manía de conducir más de la cuenta, el partido parecía tan tranquilo que se fue apagando, haciendo crecer entre los aficionados esa inquietud de que si El Ejido apretaba un poco podía hacer mucho daño. Sobre todo porque seguridad y defensa no son sinónimos en un Real Murcia en el que mientras que Fede Vega y Forniés vuelan de un lado para otro sin ser capaces de fijar la marca y de tapar espacios, tampoco es que brillen especialmente en ataque; Orfila y Álex Ortiz más que una muralla son un colador. Otro que habrá que esperar para ver mejor es al extremo Molinero, que en el 48 dejaba su sitio a Xiscu, porque Elady, por si alguien se pregunta por qué no jugó, no estaba ni en la convocatoria.

No dejaron de intentarlo los visitantes, incluso con un jugador menos por la expulsión de Gabri en el minuto 65, pero el cansancio y sus muchas carencias hicieron que el castillo de naipes que todavía tenían en sus cabezas desapareciese completamente en los últimos diez minutos. Después de que Santi Jara cabrease a todo el mundo estrellando un balón en el palo cuando tenía a tres compañeros con todo a favor para batir a Gianfranco, los goles de Xiscu y Pedro Orfila redondearon la primera victoria de un Real Murcia que empieza a engordar su casillero a la espera de las verdaderas pruebas de fuego, que poco tendrán que ver con el Écija y el El Ejido.


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