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La experta en Neurofelicidad Manuela Martínez, afirma que producimos mucha dopamina cuando nuestro cerebro está ilusionado en conseguir alguna meta, alguna recompensa.
Fecha/Hora: 05-09-2017 10:13:53

Qué le pasa a nuestro cerebro cuando se ilusiona

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CADENA SER


¿Qué ilusiones, qué deseos, tienes ahora en tu vida? Es muy importante tener ilusiones ya que nuestro cerebro dispone de un perfecto sistema de engranaje para que, partiendo de la ilusión, del deseo, pongamos en marcha todas nuestras capacidades para conseguirlo y, finalmente, experimentar el placer imaginado, el placer anticipado.

Cuando deseamos algo se producen cambios en nuestro cerebro, especialmente el aumento de los niveles de Dopamina en el sistema límbico. El cerebro produce, pues, Dopamina ante la expectación de conseguir una recompensa, un objetivo, siendo, por ello, el neurotransmisor más directamente implicado en los procesos de motivación-recompensa.
Estudios recientes sobre cómo responde el cerebro al hecho de anticipar, de imaginar conseguir un objetivo, han demostrado que el solo hecho de ilusionarnos con conseguir algo que nos gusta hace que empecemos a disfrutar de lo deseado, que empecemos a sentir el placer de su disfrute.
Además, es la Dopamina la sustancia química cerebral que nos motiva a ponernos en marcha para conseguir el objetivo deseado, estimulando, así, nuestra motivación, optimismo, autoconfianza, capacidad, lucidez y euforia necesarios para hacer que nuestras ilusiones puedan ser una realidad. En definitiva, la Dopamina es la responsable de que nos motivemos para conseguir nuestra recompensa, nuestro objetivo.
En un estudio llevado a cabo conjuntamente en las universidades de Londres, Connecticut y Harvard (Sharot et al, 2009) se pudo comprobar que la cantidad de Dopamina en el cerebro influye en las expectativas que tenemos de ser felices haciendo algo que nos gusta. El estudio consistió en decirles a 61 sujetos voluntarios que imaginaran que se iban a ir de vacaciones a lugares como Grecia, Tailandia, etc, y que dijeran lo felices que serían si pasaran unas vacaciones en alguno de esos lugares. Los investigadores encontraron que el nivel de felicidad que imaginaban iban a sentir los voluntarios fue mucho mayor cuando habían tomado 100 gramos de L-Dopa, sustancia precursora de la síntesis de Dopamina, que cuando habían, simplemente, tomado placebo. De tal manera que en este estudio se demostró que un aumento en los niveles de Dopamina en el cerebro aumenta las expectativas que tenemos de ser felices.
Es más, en muchas ocasiones se disfruta más con el deseo, y con lo que hacemos para conseguir un objetivo, que durante el momento en que lo conseguimos, pudiendo ser el deseo más placentero que su consumación. Así, el simple hecho de ilusionarnos con conseguir un objetivo es, en sí mismo, una gran fuente de felicidad. Es con la ilusión por satisfacer nuestros deseos y conseguir nuestros proyectos cuando ya empezamos a ser felices. Por ello, no importa si finalmente conseguimos colmar nuestras ilusiones o no, ya que, como ya sabemos, el haberlas deseado y luchado por conseguirlas es, muchas veces, más placentero que el propio logro.
Además, tampoco importa la edad que tengamos ni cual haya sido nuestra historia anterior, lo que de verdad importa es que cada día nos levantemos con la ilusión de obtener el máximo de nuestra vida, de hacer algo que nos ilusione, que nos mantenga activos. Es el deseo lo que va aumentar nuestra felicidad.
Manuela Martínez Ortiz. Directora Departamento de Psicobiología de la Universitat de Valencia.


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