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El proyecto Lindus 2 está haciendo un censo de aves para detectar cambios en las migraciones por la actividad humana y el cambio climático
Fecha/Hora: 01-10-2017 11:59:10

Los guardianes de las grandes autopistas para las aves

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EL MUNDO

"Grullas volando, calladas o cantando, señal de que el tiempo está cambiando"; "Cuando las veas pasar, coge el capazo y vete a arar"; "Grullas en el cielo, carbón en el brasero"; "Para el Pilar llegan, y para San José no quedan". Ya lo dice el refranero español: estas aves anticipan la llegada del mal tiempo y en el Pirineo aragonés estamos viendo las primeras grullas de la temporada. También están empezando a pasar los cormoranes y las golondrinas, que sobrevuelan el inmaculado cielo azul de esta mañana soleada de finales de septiembre. Nos encontramos en el puerto de Somport, a pocos kilómetros de la localidad de Canfranc, un mirador privilegiado para observar el gran viaje de las aves. Cientos de miles de ejemplares pasan por el Pirineo aragonés en su travesía anual desde Reino Unido, Escandinavia o Centroeuropa hacia el sur de la Península Ibérica o África, donde encontrarán comida y un clima agradable para pasar el invierno. "Algunas llegan a recorrer hasta 20.000 kilómetros en apenas un mes", asegura Luis Tirado, delegado de la organización conservacionista SEO/BirdLife en Aragón. Es el caso del vencejo, de apenas 40 gramos, o de la carraca, de 125 gramos, capaces de volar a lo largo de los miles de kilómetros de autopista que separan sus áreas de cría y de invernada gracias a su prodigiosa capacidad para orientarse tanto durante el día como la noche. "Por eso, los humedales son fundamentales para la conservación porque las aves migratorias necesitan parar durante el viaje y recobrar fuerzas. Son como un oasis para ellas", añade.
Los técnicos de SEO (la Sociedad Española de Ornitología) de Aragón han elegido Somport y el vecino puerto de Portalet para monitorizar los cielos y seguir las rutas de las especies migratorias, que representan aproximadamente la mitad de las aves que hay en España y son un excelente indicador de la salud de los ecosistemas.Con la colaboración de miles de voluntarios, están haciendo un censo de aves para descubrir posibles cambios en las migraciones debido a las actividades humanas y al cambio climático con el objetivo de anticiparse e intentar garantizar su conservación. Peligros que la organización quiere poner de manifiesto con motivo del Día de las Aves que se celebra este fin de semana y que en esta edición cumple 30 años.El proyecto, denominado Lindus 2, comenzó en 2016 y permitirá realizar el seguimiento durante tres temporadas de migración en Navarra, Aragón y el sur de Francia. El programa, en el que participa también la organización gala Ligue pour la Protection des Oiseaux (LPO-Aquitania), cuenta con un presupuesto de 1,4 millones de euros, de los que el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) aporta un 65%.
Según recuerda Tirado, hay dos periodos de migración. "La prenupcial, que se produce antes de que empiecen a procrear, va de marzo-abril a principios de mayo y tiene lugar cuando las aves que han pasado el invierno en África vuelven a sus cuarteles de reproducción. Esa migración no la medimos porque hay menos concentración y son más difíciles de observar, así que es difícil tomar datos". Cuatro meses contando pájarosLa campaña actual de observación para realizar el censo dura cuatro meses y se ocupa del segundo periodo de migración, que abarca desde el 15 de julio al 15 de noviembre: "Las aves que estaban reproduciéndose en Europa se marchan a África porque hace frío y no tienen alimento. Al cruzar por los puertos del Pirineo se concentran mucho más que en primavera". Sólo durante el mes de agosto, contaron casi 60.000 aves en estos dos puertos aragoneses. La mayoría eran vencejos comunes, milanos negros y aviones pero también divisaron muchas otras especies, como el águila calzada, el busardo ratonero, el halcón peregrino, el mosquitero, el abejero europeo, el aguilucho cenizo, el gavilán, el alimoche, el cernícalo y hasta el buitre negro. En Aragón, los técnicos de SEO están probando en los puertos de Somport y Portalet diferentes emplazamientos con el objetivo de elegir "cuál es el puesto de observación que mejor explica la migración y construir allí una pequeña instalación para hacer el seguimiento", dice Tirado, que con frecuencia interrumpe su discurso para avisarnos de que por aquí o allá están pasando golondrinas, grullas, una corneja o un quebrantahuesos. De vez en cuando cruza algún avión, los más rezagados de la temporada. Ellos las localizan con sorprendente facilidad y son capaces de decir de qué especie se trata a pesar de la distancia a la que están. Pero lo cierto es que para los que no estamos habituados a observar aves, no resulta sencillo distinguir los puntos negros en el cielo: "Hace falta práctica y, sobre todo, mucha paciencia", recomienda Sofía Morcelle, bióloga de SEO, que asegura que ella tampoco veía nada al principio. Durante la mañana visitamos tres de los puestos de observación que están evaluando en Somport. Para llegar al primero, llamado Hito 304 y situado a unos 2.000 metros de altitud, recorremos un sendero que en algunos tramos es España y en otros Francia, siempre pegados a la frontera. Para alcanzar el segundo, en El Tobazo, subimos en un 4x4 por un sendero intrasitable en invierno que atraviesa las pistas de ski de la estación de Candanchú, ahora desnudas de nieve. El tercer punto es fácilmente accesible por carretera.
"Nuestro trabajo consiste en subir a los puestos de observación elegidos previamente. Empezamos a las nueve de la mañana y estamos 10 horas cada día", explica la ambientóloga Marta Medrano. "Con los prismáticos hacemos barridos en el cielo, ahora ya sabemos por dónde suelen entrar, el año pasado no. Estás vigilando constantemente. Si no podemos identificar bien con prismáticos, usamos el catalejo o telescopio". Los otros instrumentos de trabajo de estos cuentapájaros son un anemómetro para medir la velocidad del viento, y un hidrómetro para la humedad relativa. Y por supuesto, un cuaderno de campo o fichas para anotarlo todo. "Para ver un ave a simple vista tiene que estar como muchísimo, a 500 metros de distancia. Con prismáticos puedes observar las que están entre los 500 y los 800 metros, y con un telescopio puedes llegar a avistar a las que están a dos o tres kilómetros como mucho", explica Tirado, cuyo récord hasta ahora durante esta temporada ha sido contar "400 milanos negros -una barbaridad- en 20 o 30 minutos. Es un auténtico espectáculo de la naturaleza", asegura, pero también, confiesa, agotador. "Aunque hay aves que pasan en solitario, suelen ir en grupos. Puede haber cien, doscientas... hasta miles"."La meteorología influye bastante en la observación. Los días despejados es un poco más difícil encontrar las aves en el cielo. Depende de cómo les dé el sol. Si vuelan muy alto no las puedes ver. Es mejor que esté un poco nublado", explica Marta Medrano. "Queremos hacer análisis estadístico para ver cómo influye la meteorología en el paso de las aves", dice Héctor Bintanel, técnico de campo de SEO. Y es que de un día para otro cambia mucho el tiempo. Durante nuestra visita hay unos 15ºC y una brisa de 12 km/hora, pero el día anterior no pasaron de los 5ºC y había mucho viento. A veces, aseguran, trabajan con rachas de hasta 50 o 60 km/hora. En esta temporada ya ha nevado un día.
Medir los efectos del cambio climáticoLa mayor preocupación y el objetivo principal del proyecto, dice Tirado, "es averiguar qué efectos tendrá el cambio climático en los diferentes ecosistemas, pues diferentes estudios han mostrado que las aves migratorias son especialmente sensibles a las mínimas perturbaciones".Gracias al anillamiento científico, se tiene constancia desde hace dos décadas del adelanto en la migración de golondrinas en España. "Llevamos 20 años diciendo que el cambio climático es una realidad. Lo que nos interesa ahora que tenemos claro esto es de qué forma va a afectar y qué podemos hacer con los recursos que tenemos, que siempre son limitados. Si queremos mejorar un hábitat habrá que intentar optimizarlos. Queremos sugerir y asesorar a los estados miembros de la mejor manera y de la forma más eficaz. Y primero estamos recabando esa información", explica Tirado.Para evaluar esos indicadores, dividen las especies de aves en grupos que explican distintos ecosistemas. Estos indicadores nos pueden decir cuáles se verán más afectadas. "Por ejemplo, lo que sabemos seguro es que en el Valle del Ebro no va a haber mayor disponibilidad de agua. Podemos discutir qué cantidad va a disminuir, pero más no vamos a tener. Lo ideal para mitigar los efectos del cambio climático es que los hábitats se encuentren en el mejor estado de conservación posible. Y esto no es sólo para los pájaros sino también para el ser humano", relata. Así, "si las especies agrícolas se van a ver muy afectadas podemos decir a un estado miembro que su política de regadío debería cambiarse o optimizarse. Por ejemplo en este valle en el que estamos, el esquí es un motor de desarrollo, ¿qué hacemos si no va a haber nieve? Es el momento de mejorar el hábitat, al mismo tiempo que se invierte en pistas para que, cuando dentro de 20 años no haya nieve y no se pueda esquiar, se pueda vivir de otras cosas". Es lo que están haciendo ya en países como Austria, donde en las pistas de esquiar en las que no cae nieve de manera natural ya no se invierte en más inversiones: "Invierten en lugares de ecoturismo de altísima calidad, en conservación. Pero también podemos aplicar el mismo principio para conservar pastizales", dice Tirado.


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